Somos sombras en el aire que desploma armonías y sueños en presente, donde nos transformamos en vaivenes por las olas.

sábado, 7 de abril de 2012

Las Buenas Noches.



En la palma de tu mano yo
Cuento mi destino como una canción
Y en la palma de tu mano yo
Guardo tres deseos para el corazón
En la palma de tu mano
Guardas los misterios para algo mejor
Y en la palma de tu mano
Todos los caminos llevan a los dos

Yo sé que las historias vienen y van
Será esta la noche en que todo cambiará

En la palma de tu mano
Líneas y señales hablan de los dos
Y en la palma de tu mano yo
Escribo el destino como una canción

Yo sé que las historias vienen y van
Será esta la noche en que todo encajará

Palma de tu mano en mi palma
de mi mano en tu palma de la
Palma de tu mano en mi palma
de mi mano en tu palma de la

http://www.lasbuenasnoches.com/

domingo, 1 de abril de 2012

Amalia.

Qué cosas.

Y yo tratando se usar
un pantalón de brinca charcos,
como si las ensoñaciones, perdidas de remar palabras
vinieran a ser los remolinos que desatan tus cabellos,
maremoto de alta alcurnia.

Tan lejos de tus brazos
que me perdí los salmos
de cuanta caricia me ignoraste
en un ungüento.

Y te recuerdo, Amalia, que no te olvido
ni por las trepanaciones que se embarran
aunque se gasten los tejados
obsoletos
por querer morder la acera
de las insinuaciones.

No puede ser que los pescados
ya sean un ocio para las perpetuidades.
No lo cree
ni la puta que aún
estando a régimen
alimenta su esperanza, Amalia.
No lo cree ni el hombre,
que se perdió la dicha
de soñar con aves,
más que con noches
que serían una melodía
cantada solamente por tus ojos,
calor de hoja y lata
solfeando por la vía, Amalia.

No me creo nada de lo que me dicen,
de las nubes,
de tanto bache organizando dunas,
del solar de solares estirando hierbas,
de la breve ausencia de un pitido
a contrapunto cayendo en un derrumbe,
de las mismísimas estridencias de un atisbo.
No puedo creer que las salivas
ya se han evaporado en la nevera.
Tampoco tanto que por ahí me cuentan:
turbulencias de un suspiro.

Pero puedo decirte
que no te olvido,
Amalia.
Y también te digo que te llamo Amalia
porque te recuerdo
como la mayor de mis palpitaciones,
como un morir despierto,
y quizá
si lo pienso bien,
como una vida
que en verdad se vive resuelta
y que en la estancia
de un arrullo
arremete los idilios.

martes, 3 de enero de 2012

1945

Recuerdo que en aquellas épocas
él me llamaba "chaval",
yo no le prestaba mucha atención
a sus apodos o su manera de ser,
para mí era un viejo con acento diferente,
con el pelo muy corto
y movimientos bruscos y rápidos.
Era el loco que me venía a contar sus historias
de guerra y de la División azul,
de cómo y cuándo teníamos que estar
a pie de cañón,
de que no se podía caer por insinuaciones,
que lo que se tenía que hacer era seguir
con la causa que no moría
y que si llegase a morir
morir con ella era el único camino.
"Solo la muerte, Chaval, es la forma
de quedarse callado", decía.
También me hablaba de quién sabe
qué tanta cosa con ser honorable
y fiel a la patria que te vio crecer,
pero a mí "me importaba una mierda"
como él diría
lo que me contaba.
Su voz me parecía un chiste de mal gusto,
uno que no podía entender
y que me causaba molestia,
era una de esas voces que siempre
están al mismo tono, volumen
y ritmo. Cuando hablaba daban ganas
de salir corriendo
lejos, muy lejos
y no volver a verle jamás.
Aun así, tuve que soportarle
por varios años más,
dejé de verlo justo cuando entré
a la universidad.
Ahí conocí
a varios que pretendían darme lecciones
de patriotismo
y de historia
y de honor,
pero ellos no tenían ni la más
remota idea,
a ellos no les habían taladrado la cabeza,
ellos no habían crecido
con el defensor de los errores,
con la carcasa que tuve que construir,
día a día
durante largos años
que más que años
se me hicieron eternidades.
Ellos no saben qué es vivir
cerca de un hijo de puta.

viernes, 30 de diciembre de 2011

Las Ninfas a la zotehuela.

Nunca me negué a las disyuntivas
que la misma idea de saberte
con lejanías a contrapunto, maldije.
Así que aquella vez
até las nociones de una simple
y llana lastimera
que asecha los disturbios
como las anchas faldas de la noche.
El quizá nombrado tiempo
que se quedaba para otro momento,
para uno menos concurrido.
Luego
las buenas veladas a una bolsa
que se sirve como escape de restos
quizá de alma
como ahora le nombran.
Todo al final
siendo el revuelto que viene a lamentar
aquello que se guarda en el bolsillo
de los recuerdos
o en las grandes trifulcas de uno
que sigue errando en el vaporino.
Por ello y por menos
soltamos la pesca al bote,
el oráculo al vacío,
y como dirías tú,
las ninfas a la zotehuela.

jueves, 8 de diciembre de 2011

Amalia.

Y volví la vista al cielo.
Sus azules ahí seguían
redoblando el firmamento
y posando los temporales
sobre mis ojos de aguas saladas.

¿Quién era él
quiénes nosotros
y quién su madre?

Luego olvidé mis ojos
y me situé dentro de los anhelos:
sucumbir en vez de enrarecer la nube.
Estirar las piernas
y planear los mil kilómetros
que hacen falta para retomar palomas.

A lo lejos
se podía escuchar la melancolía
de un piano sin sordina
y sus acordes sincopados
que más que en un silencio
se posaban acariciando los sentidos
estridentes. Era sutil como las caricias
de Amalia en primavera. Era entonces
un suspiro aquella música y
su melodía una caricia entre las piernas.

Te hablaré de Amalia
entonces:

Una mañana,
ya que los soles habían roto la noche,
pesada se levantó de sus aposentos.
Al mirarse en el espejo, notó
un brutal cambio en su cara:
era otra, una totalmente diferente a la que
con el tiempo ya se había acostumbrado.
No tuvo miedo.
Se vistió.
Salió de su casa.
Se fue de la ciudad.

Hoy en día nadie sabe nada de ella.
No hay manera de reconocerla.

viernes, 2 de diciembre de 2011

aplaudidas

Qué cerca suenan las palabras cuando
por ningún motivo
son aplaudidas por el viento.

Te voy a nombrar algunas melodías
que sin tener en cuenta huracanes
perduran rompiendo las montañas.

Eran los bríos de tus ojos
-si se me permite cantarles-
la razón de nada qué perder.

Tu silueta el filtro de los soles
que de lejos miraban sin cuidado
el oro que escurre por tu espalda.

A cada pasa tuyo
por retomar las voces
los coros se anudaban la garganta.

Del aroma de las flores ya no cabe
ni palabra
ni algún ademán que nos quepa.

Lo ocupas todo con el silencio
que de tus manos emana
que es no más que la ola de mis mares.

¿Lo entiendes ahora?
Por eso te digo que las palabras suenan cerca
cuando no son aplaudidas por el viento.

Que no vale ya nombrarte alguna melodía
con huracanes que no se les valora
aunque rompan las montañas.

Y si se me permite cantarle a tus ojos
ya no tendría razón
ni nada qué perder por su brío.

Ah... ¡Tu silueta!
Tus soles.
¡El oro que se escurre por tu espalda!

Entiendo por qué los coros
a tu paso
se anudan la garganta.

Y el por qué de la ausencia
de aroma de las flores
y su falta de palabra.

Lo ocupas todo con el silencio
que de tus manos emana
lo que es más que la ola de mis mares.

domingo, 27 de noviembre de 2011

Letrada.



Todo se revuelve en la sopa de letras.
Es una triada de rojos sublimes,
encuentros repentinos
y palabras que más allá
de soles
aumentan el decálogo de pensamientos.

Tu voz es otra cosa:
una nota musical que se resbala
sublime
anunciando mis pisadas.
Es la gracia que emerge de tus ojos-azucena.
La risa de mis ensoñaciones
y el declive de la tarde
que alguna vez
sin más
rozó la pauta de los cielos.

Tantas eran las ganas de verte
que quizá los dioses escucharon
lo que algunos llamamos plegarias.
Otros llaman sus razones.
Y otro tanto transeunte
una brigada de salmueras pisoteadas.

Tengo una cosa por decirte
y nada más: El brío que desprende tu voz,
aquella balada salerosa
y prestigio de mis venas,
es un alga que flota
por mis vasos en la cena.

Titilan las palabras entonces.

Todo
lodo
lo como
solo
con otro polo.

Un udu.
Agarra la pala.
Emerge entre el éster.

Y para cuando ya nos hemos dado
cuenta
el norte nos queda lejos,
tan lejos como una bocanada de aire virgen.
Solo los soles nos comprenden entonces.
Ya los días ceden el firmamento.
Y una noche nos basta
para comprendernos las querencias.

sábado, 19 de noviembre de 2011

Cabeza

La de acá, cuidado que te alcanza.

Bueno,
hace unos cuantos lustros,
ya que los soles
cansados
anudaron sus paradas,
mantuve la cabeza en su lugar.
Eso fue hace bastante tiempo
como puedes ver,
ahora la he perdido
y no hay sitio dónde buscarla.
Debajo de la moqueta
no está.
En el cajón
de los calcetines
tampoco.
Dentro de las cartas
de mis amores
no aparece.
Creo que ésta vez
de verdad la he perdido.

Qué pena me da
porque ya me había acostumbrado
a ella: ser de incógnitas
y pesadas sinfonías
revoloteando
con su sensatez,
nudo de hojalata
que corta cual cuchillo
el corazón,
raíz anclada a los versos
escurridos con distintos temporales...

La echo de menos tanto...
que me dejaría llevar la ola.

Por ella sería capaz
de treinta y tantos logros
sin razón,
pues es la nostalgia la que arremete

y el querer tenerla cerca
una caricia que ofrece
sin más
un retazo de flores
casi marchitas.

sábado, 12 de noviembre de 2011

Amén.

Como tu voz deje de envolverme
me veré empujado
al descuido de mis arrecifes

que alguna vez fueron tuyos.

Bueno
te hablaré de los arrecifes:
cosa de ungüentos que erosionan
el andar descalzo y no dar bocado.
Son como una razón que se deja
olvidada
bajo llave de los ausentes
que no del todo ya se han ido.
Son de sal del mar.
El regodearse del salir del sol.
Algo que te dan y no se quita
ni con cuchillos
que se encajan
cerca del corazón.

Cuando te digo aquello de:
"que alguna vez fueron tuyos"
refiriéndome a los arrecifes...
miento.

Siguen a tu nombre.
Por eso digo que si dejo
de escuchar tu voz

me veré obligado a descuidar
y a ignorar
lo que te pertenece.

Y te aseguro
que no es una amenaza.
Si te amenazara
ya te habrías enterado.

jueves, 10 de noviembre de 2011

Un par.

Qué rápido se acaban las lunas

que en octubre nos escribimos.

Ayer ladraban su belleza
los perros de mis ojos.

Las gárgaras eran el cantar
de la poesía a pinceladas.

Entonces un suspiro valía
lo que ahora las ensoñaciones.

Maquinar era más que pensar
en máquinas sin textura.

Hablábamos de amores alocados
con soltura como el agua.

Hoy ya es noviembre y
ya los muertos se levantan.

Estamos tan distantes como si así
fuera la cosa.

Las miradas se pierden en el abismo
del derroche de palabras.

El vacío nos perjudica tanto que
sin más se vuelca en un silencio.

¿Quiénes somos entonces
ahora con tal revuelto?

Solo un par de renglones
que se escapan de los dedos.